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Interviste
 
ANTOLOGIA DE COMENTARIOS 2
AA.VV.
Pensieri e aforismi

Vengo del jazz, el tango y la música clásica. Soy bicho de ciudad y mezcla musical. Lo mejor que pude heredar de Astor Piazzolla son las ganas de buscar; en arte no sigan al maestro, sigan su música. El tango es la música que nos representa y es también humor, juego, baile, picardía. Es nuestro canyengue, equivalente a swing más slang. Desafiante y exhibicionista, el tango auténtico expresa mugre y roña, es la provocación, la sensualidad, el desenfado, y el carácter pendenciero. El porteño en el hablar es fachendoso y jodón. El compadrito es hombre provocador.

 

Yo tocaba jazz; tango, sólo en la intimidad, para un jazzista, el tango era non sancto. Conocí a Astor y encontré melodías y sentimientos tangueros metidos en un contexto más clásico, más chamber, y con feeling y swing jazzístico, transformado, adaptado, a nuestras exigencias de feeling y ritmo porteño.

Cuando tocamos, mis músicos y yo, somos cinco hombres bailando tango, es una coreografía de cinco, bailamos hasta con la mirada y los guiños tangueros, pasa en el escenario, pasa en la música. Uno se hamaca con el cuerpo, aún con la síncopa en los tiempos fuertes y en los débiles, el tango lo llevamos incoporado como baile propio a través del instrumento: la interacción es musical y corporal, con sentido de reunión. La figura del tango tiene muchas instancias: el arrastre de los pies, la salida rápida, un avance, un retroceso, un frenarse y arrancar, un desplazamiento de la cadera, un quedar como suspendidos en el aire. Es un andar particular. La mugre y el canyengue, que vienen de los orígenes marginales del baile de tango, en música quedó como una nota, una inflexión, un desafío y una provocación.

Astor me decía de improvisar en ritmo de tango. Esos diez años con Piazzolla fueron mi doctorado. Hablábamos mucho de cómo se toca un tango. Cualquiera sea el contexto, el tango debe expresar la camorra, así conserva el lazo tanguero; está en mis discos, sean composiciones de Piazzolla o de Ziegler. Astor tiene obras muy sofisticadas, y a la vez, mugrosas, no importa la sofisticación con que uno escribe un tango, sea lenguaje contemporáneo, impresionístico o expresionista; ‘tener asfalto’, es conservar la mugre, que viene a través de mi papá violinista, de mi experiencia de tocar tangos de chico, y de todo mi pasaje con Astor, de haber escuchado con él la provocación musical en el tango.

El tango siempre estuvo emparentado con la pelea, la roña, con tipos en el margen de la ley; uno hace esta música en la frontera del tango y la música de cámara, se nota en los acentos y en la manera de tocar. La música de Piazzolla, la de Ziegler, fue llevada a ámbitos más refinados y pega fuerte, provoca; si se transforma en música estrictamente camarística, o en una reminiscencia, vos escuchás una cosa más solemne y alejada. La música de Astor es erudita como la música europea, con el aditamento de todos esos elementos que hacen a la esencia tanguera.

En mi música hay Piazzolla, Cobián, Troilo, y estoy yo. Admiro a Dames, Gobbi, y el swing de Pugliese. Si alguna vez es Ziegler solo, fantástico, pero siempre va a haber un pasado.

Pablo Ziegler

 Aquí no sólo hablamos de generaciones musicales determinadas, sino de maneras de tocar. Para muchos jóvenes esto es una fuente de información acerca de cosas surgidas en otra época, pero que seguirán vigentes. Porque cualquier obra artística auténtica, y no me quiero referir al quinteto, no tiene tiempo ni época. Dura para siempre. A principios de siglo se hicieron tangos fenomenales. Bardi, Cobián, Firpo o Arolas han escrito un material para el futuro. En 1912, por ejemplo, Firpo compuso “Alma de bohemio”, que lo podemos seguir escuchando ahora. 

Todos nosotros nos formamos en las orquestas. Antes había muchas en donde uno encontraba gente con más experiencia. Así se podía aprender. Se creaba un clima. Tuvimos mucha suerte de poder formarnos dentro de una orquesta. Los músicos de hoy no tienen esa posibilidad. Tampoco tienen muchas oportunidades para ser escuchados, ni hay espacios.

Horacio Salgán

 En Broadway durante una actuación, escuchaba una voz que me gritaba: ¡Bien gomina, bien gomina! Resultó ser Nureyev. Se hicieron amigos míos Anthony Quinn y Robert Duvall. Este último, cada vez que viene a la Argentina, se viene aquí a mi casa a comerse un asadito.  

Virulazo 


... l’immagine sonora di una Coppia Umana che si muove cerimoniosamente e con decisione verso la suprema ratificazione simbolica del coito coi capelli imbrillantinati e le vesti strettissime, gonfia di passione covata e apparendo in ogni figura, pur senza esibire allacciamenti prolungati, come un solo essere. Il tango, il tango, il tango ci dà la certezza che la coppia umana esclusivamente di amanti (di amanti senza ombra di famiglia) è iscritta nell’esistenza, che il suo modello ideale preesiste a tutto e che su questa terra tale Idea si è fatta, tra abissi di solitudine e di dolore, carne - carne che canta, singhiozza e vola. Come uomo solitario sei fango. Ma, come coppia, tango.


G. Ceronetti, La lanterna del filosofo

 Tango es una manera de decir. El tango, como música en sí, no está muy considerado. Vos decís tango y tenés una pareja bailando. Eso es el tango en los Estados Unidos, y seguramente también en Europa. A Piazzolla se lo escucha como música clásica. Para mí, en todo caso, el tango es más que nada un sonido de la calle.

Fernando Otero

 Los europeos se entusiasman cuando escuchan los silencios bien colocados y que grandes músicos europeos se quedan maravillados por los yeites tangueros de mi violín.

Antonio Agri

El tango tiene, primero una profundidad poética que no aparece en casi ningún otro género.  Registremos por ejemplo este paralelismo: un bolero involucra a Dios en una letra. “Mujer, si puedes tu con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de querer…” ¡Es una pavada, una banalidad! En cambio, “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?” es un gesto de honda poesía. Esa es la diferencia que hay entre el tango y las canciones de amor populares. El tango registra cierta intensidad, y cierta preocupación metafísica. Por ejemplo, “¿Quién se llevó mi niñez?”.

 Desde luego soy un gran seguidor de Astor. Pero la orquesta de Horacio Salgán está fenomenal.  También la de Troilo… Pero nombraré a Los Astros del Tango, un grupo formado por Argentino Galván, quien era un arreglador extraordinario. Tenía una forma muy audaz, prestaba mucha atención a las cuerdas, las arreglaba de un modo muy contrapuntístico, una cosa muy compleja, y no era la línea impuesta por Astor. Después de Piazzolla, todas las aventuras creativas siguieron su huella. Creo que eso, de algún modo, le está faltando al tango, ¿no? 

Alejandro Dolina

El tango tiene un lado acartonado que se fue dando y aceptando, tal vez por ser una música académica que requiere saber mucho, casi tanto como la clásica.

Una vez que aprendiste a bailar, por lo general te interesa conocer mejor las orquestas. El tango es inmenso, aunque a simple vista parezca sólo música de abuelos. Cuánto más escuchás un disco de tango, más matices le encontrás. Por supuesto que lo primero que seduce del tango es el abrazo del baile. Es algo muy fuerte ese abrazo tan franco y a la vez tan respetuoso.

Walter “Chino” Laborde

Yo no puedo enseñar a cantar como Gardel. Pero sí puedo enseñarles la técnica que utilizaba Gardel. Cantar totalmente relajado. Aprender a respirar, con una respiración bien profunda, porque los pulmones son fueyes como el bandoneón- con elasticidad. Dependiendo de cómo respiremos es como va a salir el tono. El canto es oído y aire. Tenemos que tener una buena reserva de aire para cantar. Cuanto más aire, mejor la voz. Después tenemos un músculo ancho, separador que evita que los pulmones penetren dentro de los intestinos. Pero aparte es un pistón, cuando aspiramos emitimos el aire. Para cantar tenemos que saber como manejarlo. Eso les enseño. Cantar con las técnicas con voz impactante. La música es una cuestión espiritual muy fuerte. De Dios, de los ángeles... Si pudiéramos emplearla para entrar en el amor, para conocernos. Es una fuerza arrolladora. Cuando oímos cantar a alguien que canta bien es como que te paraliza, se te ponen los pelos de punta, porque estás sintiendo profundamente. Esto también se puede lograr a través de la palabra escrita.

Tito Alonzo

El tango está en nuestro ADN, como todas aquellas cosas, buenas y malas, que nos han pasado. Vivimos buscando, por eso me parece de lo más normal. Yo suelo decir que el tango es la música de fusión por excelencia. Tiene, por ejemplo, todo el Mediterráneo adentro. Por eso es que tiene repercusión en tantas partes del mundo. No nos damos cuenta de eso. Y por eso creo que tiene que ver con buscar identidad. O quizás una manera de celebrar el hecho de haberla encontrado. El tango es algo de jóvenes y lo sigue siendo.

A mí hay cosas de D Arienzo que me gustan. En algún momento era el diablo. Me gustan mucho Gobbi, Salgán, Pichuco, Pugliese, Argentino Galván, pero encuentro algunas cosas interesantes en D Arienzo y en otros, aunque al momento de escribir y de tocar yo no lo haga de esa manera. Los respeto a todos. Son capas de la cebolla. Parte de la misma historia.

 A Pichuco me lo presenta Ernesto Baffa, quien ya estaba en la orquesta. Pero entro en marzo del ’63 por un bandoneonísta, “Pajarito” García. Yo lo vi por primera vez en mi ciudad natal, Chacabuco, unos diez años antes. Estuve con él hasta el final, en 1975… He tenido mucha suerte en la vida. He estado siempre en contacto con gente muy importante. Pichuco era un artista como si dijéramos Picasso. Alguien que supo contener la primera mitad del Siglo XX, supo ser continente de todo eso que recibió, amarlo y reciclarlo, producir y proyectar hacia la segunda mitad del Siglo a grandes artistas contemporáneos.

Dentro del tango me marcó y me sigue marcando Pichuco. Su filosofía, su forma, su presencia permanente -porque no es sólo cómo tocaba-, su punto de vista como artista. Como persona, es todo un capítulo aparte… Pero influyeron también Pugliese, De Caro, Piazzolla, Salgán, Alfredo Gobbi, Goñi, Vardaro. Bandoneonistas como Ruggero. Y los grandes de la música clásica: Dvořák, Ravel, Saint-Saëns, Eric Satie, que es un músico transgresor, que está con un paso entre lo clásico y en lo popular; Debussy, Rimskij-Korsakov. Todo lo que es la opereta, Offenbach, cómo hacía sonar la orquesta Strauss…

Raul Garello

Cuento la máxima anécdota que yo tengo con Piazzolla. Después de que fuimos a Canal 11, al otro día fuimos a Bahía Blanca y al otro día fuimos a Dorrego, una ciudad cerca de Bahía. Y yo nerviosísimo, nervioso porque –si bien leo música- cantar con Astor....... él no te da el acorde clarito para entrar. Tantos años que estuve con este hombre habré hecho 2 o 3 cagaditas. Esta es la primera. Habíamos actuado en un cine; estaba Vardarito todavía, era el comienzo; Gosis en el piano y yo el cantor. Todo en orden, todo bien, actuamos. Fuimos al hotel, nos pegamos una ducha y fuimos a ese pueblo, Dorrego, a unos ciento y pico de km. de B.B.. Llegamos, tocó Astor. Él no me ponía mucho, ¿eh?: tocaba 5 temas y me ponía a mí, 5 o 6 de los que yo cantaba, nada más. Yo era un instrumento más, como él dijo. Y yo chocho de la vida de estar ahí con él, ¿no? Bueno, y en Dorrego se elegía la Reina y me buscaron a mí para que integrara el jurado. Unas chicas tan hermosas, como las chicas más lindas de la República, ¿sabés dónde están?: en Sta. Fe. Te lo dice Héctor Ángel González Padilla. Sí, sí. Por algo yo anduve por ahí buscando una novia. ... Entonces, elegimos la Reina. La chica era una rubiecita. Como yo soy morocho, siempre los morochos buscamos las rubias y viceversa, ¿no? Entonces, yo estaba como los toros antes de lidiarlos, ¿entendés? Y Piazzolla anunciaba, no había locutor, siempre él. "Después va a cantar el cantor (‘cantante’ él decía despacito bromeándonos) Héctor de Rosas: ‘Cristal’ y ‘Malena’". ¿Y sabés qué pasó? Los dos temas estaban en el mismo tono: en do. Pero yo estaba cambiando miraditas con esa chica porque ya la tenía cocinada. Así que......" vine de tan lejos a acá, por lo menos me voy a llevar el teléfono de ella, alguna vez la veré de nuevo a la reina." Y así me presumía; bueno, uno era más joven. Y me distraje. Y empieza: en el pulgar y el medio parecía que tenía dos tablones; lo hacía tan fuerte, era impresionante Piazzolla. Entonces había que contar 4 compases para el tango que originalmente era "Cristal", ¿no es cierto?
"
Tengo el corazón hecho pedazos/rota mi ilusión en este día" (lo canta).
Bueno, ahora mirá cómo es el comienzo de "Malena" (vuelve a contar los compases):
"
Tengo el corazón......."
¡En vez de salir con "Malena", arranco con el mismo tango anterior!, distraído yo. Tenía las dos entradas iguales ¿Sabés qué hizo Piazzolla? Él tocaba parado, ¿viste?, el Quinteto, la gente ahí, 3, 4 mil personas.... Paró. Y yo decía "tragame tierra". Y agarró el micrófono y dijo: "Señoras., Señores.: vamos a comenzar de nuevo. Porque se ha equivocado el cantor. Vamos a hacer –como yo anuncié- ‘Cristal’ y ‘Malena’" Nunca más me equivoqué. Yo me quería morir. Mirá, estoy viviendo ese momento, era una cosa....... La chica......pobrecita, se puso pálida...... Porque Piazzolla te escribía y eran algunas cosas similares (...)

Hector De Rosas 

 

 

 

Hay cosas que determinan a un artista por sus influencias y un camino al recorrer. Pugliese dio una definición acertada luego de haberle hecho yo la pregunta: “¿Cómo definió usted el estilo?”. Y él se quedó mirando el techo porque le sorprendió la pregunta… y me dijo: “Mirá, si yo tengo un estilo no me di cuenta. Lo que yo hago es trabajar todos los días, y me dejé ir por un paisaje musica de mi ciudad y mi gentel, para el cual soy un militante incondicional y miro para atrás, miro mi contexto y miro para adelante, y si lo tengo es para mí imperceptible”.

Yo tomé un café con Astor antes que se muriera y me dijo: “Mi música le gusta solamente a los músicos, no pasa nada”. No era una cosa masiva, quién se iba a imaginar que iba a pasar lo que pasó. Post mortun se multiplicó por cien mil.

Juan José Mosalini

 

No quería ser concertista, además me interesaba mucho el jazz y el folclore. Mi familia no era tanguera. Pero cuando llegué a las clases de tango de Orlando Trípodi y apoyé la mano en el piano me di cuenta de que eso era lo que tenía que hacer. Fue mágico. 

 El tango es un tronco, del cual Piazzolla fue una rama muy importante. Pero de una rama no se puede formar otro árbol. Yo entré al tango escuchando a Piazzolla, pero no me quedé en eso. Fui para atrás y encontré cosas tan o más grandes que Piazzolla. Bardi, por ejemplo. 

Andres Linetzky 

 En todas; me gusta tanto escribir como tocar o dirigir. No podría estar sólo escribiendo sin tener la posibilidad de tocar. O sólo dirigiendo sin poder escribir; por otra parte, todo se relaciona. Muchas veces estoy dirigiendo y algo pasa por mi cabeza y cuando llego a mi casa lo escribo; o estoy estudiando con el bandoneón y quizás, sin buscarlo, aparece una idea que puede servirme para un arreglo o para un tema nuevo.

 El bandonéon cayó en mi vida accidentalmente. A los ocho o nueve años comencé a estudiar piano. A mi papá le gustaba el bandoneón y un día apareció con el instrumento para que hiciera las dos cosas. Yo no pensaba ser bandoneonista, de ninguna manera. Mi ambición era ser el Liszt rosarino. Pero el bandoneón me atrajo cada vez más y empecé a formarme, aunque prácticamente como audodidacta. La primera pieza que toqué en el instrumento fue un vals de Chopin.

 El progreso, la evolución de la música de tango, el vanguardismo, están en cierta forma en la fusión de toda la gente que pasó antes. Todos necesitamos de un Arolas, un De Caro, un Troilo, un Piazzolla. Creo que el tango está disponible para recibir todo tipo de propuestas; buenas y también malas, como a veces ocurre. Me sitúo como alguien que está continuando un camino, un camino que comenzó en Arolas y que después, afortunadamente, fue ensanchándose. La responsabilidad de los que estamos ahora es continuar ese camino, no desandarlo. Cuando digo desandar me refiero a repetir, algo que está ocurriendo bastante, por desgracia, entre los jóvenes: imitan a Pugliese o vuelven a la época de Canaro. No creo que sea una búsqueda sino un rebusque.

 Lo que se escuchaba en las orquestas de esos tiempos era una música trabajada en los cabarets, en los bailes, en tantas veces de tocar juntos; así llegaba a formarse una personalidad de la orquesta sumada a la personalidad de su director. Cuando Pugliese comenzó, parecía estar, en sus primeros años, entre De Caro y otra cosa nueva que iba a venir. Después, cuando se hizo bien Pugliese fue debido a toda la orquesta, no sólo a él.

 Con una orquesta sinfónica, hay que tener cuidado de no recargar mucho, hay que evitar que se haga una cosa demasiado densa. Por otro lado, es muy difícil logar la mugre del tango con una sinfónica. Eso se logra con un grupo más chico, donde los músicos vienen trabajando juntos desde hace cierto tiempo; donde hay un entendimiento para hacer precisamente eso del tango que no se puede describir, que es un sentimiento y nada más.

Nestor Marconi

Para trasladar el mensaje en plenitud, además de ejecutar las mejores figuras, caminar con garbo inigualado, y darle un colorido interpretativo, hay que posesionarse de la fuerza interna que nos transmite el tango en el preciso momento de ponernos a bailar, hay que concentrarse en el infinito, abandonando todos los exteriores que pueden perturbar la entrega, llegando al mismo fondo de la danza, para poder mostrar el secreto indescifrable que contiene. Así buscamos la danza perfecta, el colorido y los matices exactos al pintar la tela del ensueño, la manera sublime de expresarse. Así llegamos al tango justo, al tango superior, al tango cumbre, al que solamente podemos llegar volcando la cuota de corazón necesaria, para hacerlo conmovedor y humano...

 Yo quiero un tango de renovación, de innovación, revolucionario, que modifique todo lo actuado, que tenga formas inéditas de supremo encanto, que toque los encuadres superiores, que alcance la cúspide de lo inigualado, y que todo lo actuado sirva de base, para levantar el pilar donde se sostenga la perfección.

 Carlos Alberto Estévez “Petróleo”

 Me llamaban para una orquesta, pero antes me tomaban examen. Primero tenía que tocar primero con el contrabajista para ver si me llevaba bien; después con bandoneón, después solo y si pasaba la prueba recién ahí podía ensayar con orquesta. No podías equivocarte; a la tercera vez te echaban. Se trabajaba mucho. Tocaba tanto que finalmente armé una especie de sindicato con Osvaldo Tarantino y Osvaldo Manzi. Nos repartíamos el trabajo para poder pedir aumento. Llegó un momento que nadie nos daba trabajo; ahí, claro, tuvimos que aflojar.

 Con la orquesta del Gordo no se podía improvisar, solamente cambié algunas formas de los solos porque Troilo me lo permitía. No hacía nada sin permiso de Pichuco. Me dio un poco de libertad y cambié el solo de Inspiración y en Quejas de bandoneón agregué un glissé que lo hacen todos los bailarines. Pero no me puse de prepo a cambiarle la orquesta. Tocaba la música que estaba escrita, que era la misma que hacían todos los pianistas, con mi forma y mi sonido.

 Una vez tuve un gravísimo problema con un periodista. Había una revista muy amarilla, Así. Al periodista este, que también trabajaba de cana, lo llamaban el doctor Sierra. Era un tipo muy raro: le gustaban D'Arienzo y Piazzolla. ¡Eso no puede ser! O te gusta uno o te gusta el otro, pero los dos… ¡no hay manera! El periodista policía publicó una foto de mi cédula, con los números abajo como se hacía antes y tituló “El asesino de la orquesta de Aníbal Troilo”. Se lo comenté al Gordo. Le dije que si a él le parecía, yo me iba de la orquesta, porque no quería perjudicarla. Me respondió que no era yo el que se iba de la orquesta sino que el tal Sierra se iría de la revista. Llamó. Nunca más se volvió a publicar algo así. Ahora, le voy a decir de verdad lo que creo. Yo fraseaba de otra manera, pero el que aportó algo realmente diferente a la orquesta fue Orlando Goñi. Todos los pianistas de la orquesta queríamos tocar como tocaba él.

Osvaldo Berlingieri

 El bandoneon es un instrumento mefistofélico: tiene cuatro teclados, dos abriendo y dos más cerrando, y hay que tocarlos ciego.

 Espero que toda esta generación de chicos jóvenes desarrolle un estilo, una personalidad. Porque lo que se repite es una tendencia a copiar el modelo de Piazzolla o el de Pugliese, y nada más. Nadie puede negar las influencias, desde luego, siempre hay que agarrarse de un lugar, pero falta explorar otras líneas de pertenencia, como la decariana, la de Gobbi, Troilo y tantos otros. El proceso es lento, pero firme. Hay que tener en cuenta que hubo un vacío muy grande, durante años no hubo chicos que estudiaran el bandoneón, estuvimos a punto de quedarnos sin herencia.

 Osvaldo Piro

 Copiar a Piazzolla es tan malo como imitar a D'Arienzo.

Nestor Marconi

 Mi viejo decía que yo iba a ser bandoneonísta, antes de nacer, así que yo sabía que no me quedaba otra posibilidad. Comencé a estudiar el instrumento a los 8 años y a los 14 ya trabajaba”.

 Horacio Romo

El tango no es un standard. Generalmente las melodías del tango son más ásperas y más accidentadas que los standards del jazz, y esto plantea un problema replicas de relojes formal. Por algo Piazzolla y tantos otros nunca repetían más de tres veces la primera parte del tango Los mareados. Yo una vez intenté hacer una cuarta variación y no hubo caso: hay que entender la peculiaridad del material.

Gustavo Beytlemann

 

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