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Interviste
 
JULIAN PERALTA: “EL TANGO ES LA CELEBRACIÓN DE LA VIDA”
Di Silvia Rojas. Fotografia di Alejandra Marín. La Milonga Argentina;Año 5 - Nº 56 - Agosto 2010
Compositor, director y pianista de su grupo “Astillero”, es un referente de los músicos actuales.

Y no lo dejó más. Felizmente. Cuando estudiaba en la Escuela de Avellaneda, empezó a escribir sus primeros arreglos de tango. Los profesores le aconsejaron que vaya a estudiar con Mederos: “Eso fue fantástico. A Rodolfo le debo muchísimo de la información y del empuje para organizar una orquesta típica, como la que había en los años 40. Nos juntamos muchos chicos. Éramos delincuentes que queríamos tocar tango, gente muy joven. Y formamos la Orquesta Típica Fernández Branca…”.
A la fecha, Julián Peralta no solo es pianista y director del grupo Astillero, sino docente y compositor. Estuvo en la Fernet Branca, luego llamada Fernández Fierro; ayudó en la formación de la juvenil orquesta Cerda Negra; y estableció la Escuela Goñi. En octubre o noviembre, presentará un nuevo disco junto a 18 músicos. Con ideales, talento y mucho trabajo, es un referente respetado de la actual movida porteña.

 

 

 

- Hay muchos músicos jóvenes, ¿Cómo te definirías para la gente que nunca te escuchó?
- Nosotros encaramos el tango como una marca de identidad. Ese marco de identidad fue como una especie de rebote de la globalización. Generacionalmente, hacer tango o hacer cosas nuestras era casi una obligación. Somos tangueros que no tienen ganas de ir tomando elementos externos para ir creciendo, sino todo lo contrario: queremos mirarnos bien adentro.
- ¿Lo que predica Rodolfo Mederos?
- Algunas cosas comparto con Rodolfo y otras no, creo que hay que mirar a la raíz para seguir. La gente que volvió al tango es muy respetuosa de las raíces. No son personas advenedizas que no conocen el género. Todos sabemos qué grabó D’Arienzo, Troilo o Pugliese. Tenemos que continuar con esa filosofía.
- ¿Cómo te identificás desde el punto de vista musical?
 - No podemos seguir tocando lo mismo, necesitamos elementos nuevos que nos reflejen con la misma filosofía, pero con el gesto actual. Filosóficamente el tango no cambia entre Gardel, Villoldo, Troilo o Piazzolla. El gesto sí cambia. Es una cuestión filosófica muy potente de vivir la vida con pasión y con entrega. Entonces, esa energía se nota en todas las músicas, las letras. Está en Discépolo y en Tanghedia, de Piazzolla o en Villoldo, haciendo El Choclo. Es la celebración de la vida.
- Qué hermosa definición, “la celebración de la vida”… porque quien no conoce bien el tango piensa que es triste.
- Es todo lo contrario. El tango es una música que tiende a entender cuál es el punto de la vida. Justamente valora la necesidad de ser. A uno no le pasan los males sociales por al lado. La música y el baile reflejan eso, y no significa que seamos personas amargas.  
- ¿Por qué le pusieron Fernández Branca?
- Por el Fernét. De esa polenta que teníamos por aprender cosas se formó La Máquina Tanguera. Hicimos un par de conciertos en el Teatro Margarita Xirgu y empezó a caer gente de todas partes, y nos relacionamos con otros músicos para tocar tango. Al final terminamos siendo nueve orquestas de jóvenes que rondaban los 20 años.
- Después viene la etapa de San Telmo…
- Claro, después hicimos conciertos en la calle, cada vez más multitudinarios. Fue una gran aventura sacar un piano a la calle. Primero lo llevábamos a mano y después fabricamos un carrito.
- Cuando vino Juan José Mosalini me dijo que las condiciones en las que estás trabajando son muy precarias, pero tienen un gran entusiasmo.
- Sí, es cierto, es precario porque nosotros tenemos que ir construyendo el piso, poner las paredes y hasta bancar todas las obligaciones que tenemos con el Estado.
- Estuviste también con Agustín Guerrero.
- Sí, hicimos Cerda Negra y La Máquina Tanguera. Bueno, un libro o una escuela parten de la misma filosofía. En realidad, lo que hay que hacer es generar más desarrollo colectivo. Que haya más gente capacitada para emprender en serio los temas artísticos. 
- ¿Recibís algún aporte o subsidio?
- No, no recibimos ningún aporte de nada, excepto una vez que recibimos una ayuda de una fundación de tango de Suiza. Gente que vino y entendía cómo conservar la escuela, y armó algunos actos en su fundación para recaudar fondos y ayudarnos.
- ¿Qué es lo que más necesitan ahora?
- Nada y todo. Obviamente, hay gente con más necesidades que nosotros. Estar llorando por la falta de un atril en este marco social de Latinoamérica es casi una falta de respeto. Sería justo que tuviéramos un atril, pero hay otras injusticias mayores. Todo lo vamos generando y queremos que la gente se entere y apoye lo que hacemos.
- Leopoldo Federico me dijo que antes sacaban un tango y la gente lo silbaba por la calle. Y en cambio, ahora trabajan mucho en una melodía, pero no son pegadizas.
- Cuando componemos las melodías, lo hacemos desde el lugar donde estamos. Yo hago la música para mi gente. Sería no ser sincero hacer música para querer ser masivo. No somos la masa del consumo cultural. El tipo que se dedica al tango no es el que escucha la cumbia.
- ¿El tango puede volver a ser masivo como antes? Me refiero a que sea, entre comillas, pegadizo.
- Ahí está nuestro desafío. No es que no entienda el planteo de Leopoldo y no lo comparta, pero es importante que no perdamos de vista de dónde surge esa dificultad de que sea una música más simple. El tango es una música excepcional donde hay muchas melodías instrumentales con gran repercusión, pero la canción es más efectiva, y a la hora de construir las canciones existen muchas dificultades porque el gesto del tango del ‘30 está muy lejos de nosotros. El sonido melódico de “Vida Mía” está muy lejos de nuestra manera de vivir hoy. Es otra época. Entonces, la tendencia es que no satisface lo viejo y encaran para otro lado, y lo hacen lo más raro posible. Es un punto a favor, pero hay que llevarlo a un lugar para que la comunicación sea clara para la mayor cantidad de gente.
- ¿Intervinieron en Romeo y Julieta, en Londres?
-
Si, con Kenneth Prada como patrocinador, haciendo temporada de un mes con actores muy buenos. Esto fue en febrero. Y ahora vamos a hacer temporada en lo que sería el Teatro San Martín de Londres para 2.000 personas.
- ¿Y qué es -de todo lo que has compuesto- lo que sentís como música más lograda?
- ¡Depende del día! Si la música sirve para que les guste a las chicas, está bien. (Risas). Hay temas que me han servido para el baile social. Por ejemplo, el tema Charrúa, que es muy rítmico. Después hay otro tema que se llama Marfil, que es de baile, es una música con carga, pero mucho más etérea. Cuando vos me decís que la música debe tener inserción social, yo te respondo que tocamos en los festivales más importantes del mundo; en el Festival de Jazz de Montreal, o en el de Holanda. Son lugares que no hay espacio para el tango y sin embargo fuimos invitados especialmente.