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FANGIO Y GARDEL: VIVIR Y MORIR EN EL VÉRTIGO
di Gonio Ferrari , pubblicato su www.tangocity.com
Lo más probable es que nunca se hayan visto, pero la historia se encargó de encontrar algunas simili

Parece cosa de brujería pero el Destino o la casualidad suelen diagramar travesuras y encargarse de unir a seres tan distintos en la vida o muy distantes en el tiempo. Tal el caso de Juan Manuel Fangio, nacido el 24 de junio de 1911 y Carlos Gardel, fallecido el 24 de junio de 1935. Ambos, cada uno en lo suyo, íconos trascendentales en la historia de los argentinos, quienes fueron marcando épocas y dejando en la memoria colectiva mojones inolvidables.No es posible establecer precisiones breitling replica watches matemáticas que enlacen estas dos vidas, pero del simple conocimiento de algunos detalles surge la idea no, en este caso, de existencias paralelas pero sí de una especie de unión por el vértigo, por la aventura, por el riesgo y por la notoriedad, que según se sostiene, es la hermana menor de la fama.Juan Manuel Fangio tenía 24 años cuando murió Gardel y en su Balcarce natal había dejado de jugar al fútbol en la selección lugareña y su taller mecánico funcionaba en la trastienda de una estación de servicio, lo que le permitió un año después -corría 1936- debutar como piloto con el seudónimo de “Rivadavia”, a bordo de un Ford A color azul, modelo 1929 que trabajaba como taxi, propiedad del padre de un amigo.Era el comienzo del vértigo, de la emoción, del desborde de una adrenalina que lo acompañaría hasta el fin de sus días. Y al nacer Fangio, el Zorzal tenía 21 años y unos pocos meses atrás, cuando todavía no había modificado su original apellido Gardès debutó acompañándose con su guitarra y en 1912 se presentó discográficamente. Intentó formar dúo varias veces pero no tuvo éxito, hasta que en 1913 adquiere cierto prestigio al ocupar junto con Razzano el escenario del Armenonville. Ese fue el comienzo del vértigo gardeliano, justo cuando Fangio andaba entre pañales cursando el primer año de su vida.El balcarceño ya iba a  “primero superior”, equivalente al segundo grado en la Escuela nº 4, coincidente con la primera interpretación de Mi noche triste (originariamente titulado Lita), de Contursi y Castriota, por El morocho del Abasto, con sus jóvenes 27 años que lo vieron paralelamente filmando la película muda Flor de durazno.  Los años transcurren y ambas vidas entremezclan éxitos por parte de Gardel y progreso en cuanto a Fangio, quien no quiso ser albañil aunque en esas tareas acompañaba a su padre. A los 9 años lo llevó a la herrería de Francisco Cerri para que ayudara en la atención de los carruajes del poblado y en la forja de metales. Fue el primer contacto del Chueco con los fierros.Varios años después, terminando la década del ’20 Fangio juega al fútbol y realiza un paso fugaz por el boxeo, mientras Gardel repartía su tiempo, siempre en el alucinante ritmo de grabaciones, presentaciones en vivo, giras internacionales y filmación de películas. Poco antes de cumplir 40 años, el que cada vez canta mejor visitó en Montevideo a las selecciones de fútbol de Uruguay y de Argentina, protagonistas de la final del primer campeonato mundial de balompié. En 1932, cuando Alfredo Le Pera se incorpora a la vorágine artística de Gardel, Juan Manuel Fangio con jóvenes 21 años se instala con su primer taller mecánico en un terreno prestado, edificando el galpón con vigas hechas de chasis viejos a guisa de largueros y techo con chapas de zinc “conseguidas” en incursiones nocturnas por una casa abandonada en el campo vecino a Balcarce. Algunos amigos juntaron 80 pesos para comprar las herramientas y el emprendimiento comenzó a funcionar en el piso de tierra, con una fosa que cavaron Fangio y varios allegados. Desde entonces y para ambos, la vida fue como una carrera contra los relojes, porque el tiempo no les alcanzaba para el cúmulo de obligaciones que contraían como consecuencia inexcusable de la calidad de cada uno en su especialidad.El día trágico de Colombia sorprende a Fangio en su nuevo taller que estaba en la esquina de Boulevard del Valle y Calle 14. El “Ganso de hojalata”, como llamaban al trimotor con 8.600 horas de vuelo que desde Medellín con rumbo a Cali pilotearía el dueño de la empresa aérea, Ernesto Samper Mendoza no alcanzó a despegar cuando lo intentó a las 14,58 con todo previsto. La historia es conocida, al igual que el luctuoso saldo, para ese instante de hierros y llamas que elevaron a Gardel, de 44 intensos años vividos, a su condición de venerado e insustituible mito.Fangio siguió en lo suyo, fue campeón argentino de Turismo Carretera en 1940 y 1941 a bordo de la coupé Chevrolet verde. En ese año se estrenó en el Café Nacional de la calle Corrientes el tango Fangio, de Anselmo Aieta. Después de sus actuaciones de cabotaje incluyendo países limítrofes, en el ’48 corre por primera vez en Europa y al año siguiente gana seis carreras de las diez que disputa en el Viejo Mundo llegando a subcampeón mundial de la Fórmula 1 en el ’50 escoltando a Farina. Se corona en el ’51, sufre un grave accidente en el autódromo de Monza un año después, en el ’53 es otra vez subcampeón mundial y desde el ’54 hasta el ’57 inclusive se encarama al lugar más alto del podio. En el ’58 es secuestrado por los castristas en Cuba, luego se retira de las pistas, sufre un infarto en el ’71 y en 1980 es elegido, en Brasil, como el mejor automovilista de todos los tiempos. Tras un problema cardíaco que padeciera en Dubai el Dr. René Favaloro lo somete a cinco “by pass”.Y aparte, hay que tomar en cuenta las responsabilidades asumidas por Fangio, a cargo de importantes funciones en la empresa Mercedes Benz.Esa vida tan intensa, de ritmo endemoniado, lo empuja a volver al volante y en el ’91 gana una carrera de exhibición en Monza y dos años más tarde participa por última vez en una competencia histórica, realizada en Cerdeña. Fangio falleció el 17 de julio de 1995 a los 84 años, poco menos del doble de la edad que tenía Gardel.  Fangio y Gardel compartieron la vida terrena solo 24 años y fue un día 24 de junio que uno de ellos nacía y el otro moría. Nadie podrá negar que pese a que seguramente jamás se encontraron, fueron las vivencias, el vértigo, los honores, los aplausos y la tragedia los componentes que signaron sus existencias.

 

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